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Twitter: ¿mucho ruido y pocas nueces?

Portada TimeYa parece lejos el día en el que Aston Kutcher apostó -y ganó- a que lograba 1 millón de seguidores en Twitter. Ese día, los que no sabían lo que era Twitter, se enteraron y, dubidativos, preguntaron ¿Qué es eso de Twitter?

Atrás también quedan los días en que Twitter era portada de la revista Time por ser la gran herramienta de 2009. Porque, lo que algunos nos hemos preguntamos durante algún tiempo fue: vale, Twitter parece muy importante pero, ¿para quién?

Parece que la respuesta – muy pesimista- la trae Douglas Quenqua en un artículo recientemente publicado en clickZ y que recoge las conclusiones de un estudio de RJMetric: Twitter tiene 75 millones de usuarios, la mayoría inactivos.

¿Sorpresa? Pues para los grandes paladíes de esta herramienta parece que sí: el 25% de los usuarios no tiene ni un seguidor. Y el 40% nunca ha hecho un tweet. El 8% apenas ha hecho un tweet.

Lo que sí destaca es que los que están activos, están muy activos. Y estos son el 17% de los usuarios.

En resumen, alrededor de 8 millones de usuarios son los que generan tooooodo el ruido de twitter. Y si partimos de la base que el 99% de las cosas que se dicen en twitter son estupideces o comentarios sin ningún valor reputacional….¿de qué hablamos cuando hablamos de twitter?

Bueno, sumemos a esto que, según sysomos, el 50% de los usuarios de Twitter está en Estados Unidos, mientras que Brasil, que ocupa actualmente el segundo lugar, representa el 8,7% de todos los usuarios. Después de USA, todo es fragmentación, y cada país tiene un número limitado de usuarios.

Twitter around the world

Número limitado de usuarios que, entre otras cosas, se “siguen” entre ellos en un círculo bastante “endogámico” y probablemente “infla-egos”.

Entonces. ¿por qué nos preocupa tanto lo que se pueda decir en Twitter? ¿Por qué muchos lo ven como un “termómetro” de lo que piensa la gente? La censura en China, disturbios en Irán o la censura a los medios en Venezuela..

O ¿Por qué las empresas se preocupan por su reputación en Twitter si al final son “cuatro gatos” hablando entre ellos?

La respuesta quizás está -al igual que en otros canales 2.0- en la capacidad de Twitter de generar percepciones offline.

En general, destacaría dos características básicas:

  • La presencia de “tweet-celebrities” o “líderes de opinión” que trasladan parte de su reputación offline a la Red: periodistas, actores, medios, etc.
  • El “reconocimiento” o “legitimidad” que el público offline da a lo “que sale en twitter”: un trend topic parece haberse convertido en “lo que piensa” la gente.

Adicionalmente, añadiría que mucho de estos “tweet-celebrities” tienen la capacidad de trasladar lo que sucede o aparece en Twitter a otras canales, online u offline: blogs, periódicos, televisión, etc.

En muchos casos se exagera en la percepción o el reconocimiento que se le da a este tipo de canales, casi producto de cierta histeria colectiva generada por esa percepción de “anarquia” informativa de la Red.

Los números, felizmente, nos aterrizan y nos ayuda a ver la cosa con una perspectiva más realista: Twitter  no es la “voz del pueblo”.  Y, dice la tendencia, el número de nuevos usuarios esta cayendo y, como sucede en este mundo, no tardará en verse superada por otras nuevas herramientas que está por surgir.

Por eso, el consejo es: seamos más estratégicos y menos apocalípticos. Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre.

¿El rey está desnudo?

el reyLa verdad es que el post de Cris Brogan me ha dado qué pensar. Porque el hombre ha salido con la sencilla reflexión de que en la Red el contenido no es el rey. En realidad, dice Brogan, en rey (o la reina) somos nosotros, los usuarios. Hmmm….cierto: cuando hablamos de la web participativa, nos referimos sobretodo a los participantes (menuda redundancia).

Porque “el rey” toma decisiones, tiene ego (y con twitter el ego del rey se disparó) y sobretodo conversa, transmite mensajes clave, ideas, productos. El rey, entonces, es ese 1% de los internautas que genera contenido en la Red. Porque el contenido -¿rey caído en desgracia?- es solo la  moneda de cambio.

Curioso. Y hasta podría tener su lógica. El problema, creo yo, es que:

  • El 90% de los usuarios siguen usando los motores de búsqueda (y es una forma pusilánime para no decir google) para encontrar un contenido. ¡Ups!  Pero, ¿seguimos buscando contenidos?
  • El 1% de los creadores de contenidos (los reyes) no es lo que busca el internauta cuando utiliza un buscador.

Una cosa es cierta: en el imperio de los egos, es decir twitter y redes sociales, puede que empecemos a buscar reyes (evangelizadores o líderes de opinión) porque de ellos se desprende algún tipo de contenido que nos interesa.

Porque, por ejemplo: en la wikipedia sigue siendo más importante lo que se escribe que quién lo dice. Aunque no estaría mal empezar a identificar a esos pequeños reyezuelos de la wiki.

Y aunque muchos apóstoles de la web semántica tilden de herejía cosas como éstas a lo mejor estamos ante una separación de reinos, cada uno con su rey. En los buscadores, los contenidos; en los UGC’s los participantes.

Será cuestión de tiempo hasta que el uno le diga al otro que está desnudo. ¿o  no?

P.D. ¡Claro! Queda pendiente toda la cuestión de las “relaciones” entre “reyes”. ¿Alguna idea?

¿Internet para qué?

Foto de Ma. Luisa Villegas

El siguiente post viene motivado por mi aversión a los supermercados y mi fe ciega en la compra online, lejos de las largas colas y el ir y venir por un pasillo hasta 3 veces para encontrar un bote de mayonesa, por ejemplo.

Escena 1: ¿se puede comprar por Internet?

Digamos que estoy recién llegado a Colombia y uno de los problemas a resolver es hacer la compra. Tras algunas averiguaciones descubro, a través de vagos rumores, que hay dos supermercados que ofrecen un servicio de compra online: Carulla y otro que no citaré su nombre.

Tras descartar el Carulla por caro, entro a la página web del otro que no citaré el nombre para hacer mi compra. Obediente, sigo una a una las instrucciones (difíciles de encontrar) para registrarme como usuario: nombre, dirección, cédula de ciudadanía (¿para qué?), teléfono, edad y un sin fin de etcéteras que incluye como no mi dirección en Bogotá.

Tras un farragoso proceso de registro, finalmente obtengo mi usuario y contraseña y me lanzo (casi sin ganas, admito) a realizar mi gran compra del mes. Tras más de media hora de llenar el “carrito” concluyo satisfecho la elección de mis productos, a pesar de los problemas de usabilidad de la página de este gran supermercado que no citaré su nombre.

Con todo listo, paso a la pasarela de pago: número de tarjeta, fecha de caducidad, bla, bla, bla. Cuando la operación parece llegar a su fin, sorpresa: el supermercado cuyo nombre no voy a citar me dice que solo hacen entregas en Medellín y no en Bogotá.

Tras estar una hora registrándome y eligiendo productos…¿no podrían decirlo antes? Tiempo perdido para mi, reputación y negocio perdido para el supermercado cuyo nombre no citaré.

Escena 2: Ese gran invento llamado teléfono

Soy paciente y me gustan las segundas oportunidades. Vale, descartada la compra por Internet me vi obligado a acudir personalmente al supermercado cuyo nombre no citaré. Amargado y conteniendo lo mejor posible mis traumas me pasé una tarde interminable en esa gran superficie configurando la misma compra que había hecho por Internet inútilmente unos días antes.

Soporté como pude la cola y mientras esperaba no pude resistir a la tentación de acercarme al mostrador de información donde una señorita muy diligente y profesional atendía a las inquietudes de los usuarios. A continuación reproduzco lo que fue una situación real:

- Disculpe señorita, ¿porque ustedes no tienen un servicio de compra por Internet?

- No sé señor, eso es política de la empresa, pero puede hacer la compra por teléfono…..

- ¿Por teléfono? ¿Pero, como es posible recordar nombres y referencias para dictarlas por teléfono?

- Ahh pues no sé señor, eso es cosa suya…

Contrariado, regresé a la fila. Después de meditarlo un rato me fui con mi carrito de nuevo por los pasillos del supermercado cuyo nombre no citaré. Marqué tranquilamente el número de la compra por teléfono:

- ¿Servicio a domicilio en qué puedo ayudarle?

- Si señorita quisiera hacer la compra por teléfono.

- ¿Dígame que cosa sería?

- Pues la verdad muy fácil. Si busca usted en el tercer pasillo del supermercado, encontrará un carrito abandonado y lleno de productos. Quiero todo lo que esté en él.

- ¿Cómo?

- Así como lo oye señorita. Y ¡Ah! si necesita mis datos no tiene sino que consultar mi ficha en Internet. Estoy registrado.

-¿Como así que en Internet?

Ahí ya colgué y me fui a otro supermercado. Es lo que suele hacer la gente en esos casos. O al menos, es lo que deberían hacer.

El querer y no poder de la comunicación 2.0

Dibujo

Me confieso un defensor de los servicios online: hacer la compra, gestionar mi cuenta del banco, contratar servicios, trámites, billetes de avión, etc. En definitiva, todo lo que se pueda gestionar por la Red ahorrando tiempo y desplazamientos innecesarios.

Por eso resulta taaaan frustrante ese querer y no poder de ciertas iniciativas online. Me explico: hace unos días, tenía que viajar a Ecuador y en mi faceta de colombiano descubrí que no podía entrar al país vecino sin un certificado judicial, que en últimas es un papelillo que dice y asegura que uno no tiene cuentas pendientes con la justicia.

Cuando uno está en Colombia sabe de sobra que cualquier trámite burocrático implica hacer colas interminables en oficinas que por alguna razón del destino están ubicadas en un rincón perdido de la ciudad.

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Internautas LatAm: calidad vs cantidad

mapa latamAunque América Latina está aún lejos de acercarse a las tasas de penetración de Internet que otras regiones como Norteamérica (73%) o Europa (50%), su 30% actual dice mucho más de lo que parece en términos cualitativos. Es decir, a diferencia de Estados Unidos o Europa, la comunicación online en América Latina tiene dos valores agregados:

  • Su llegada reciente a las TIC’s.
  • Los flujos migratorios de la región.

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